La delincuencia en Ezpeleta, ubicado en la ciudad de Quilmes (Argentina), no tuvo compasión con un chico de 18 años que intentaba defender a su familia sin armas.

Marco Ignacio Mendoza recibía a sus padres, quienes regresaban a bordo de una camioneta Nissan Frontier luego de cumplir con su trabajo en un locutorio. La familia, residente de la calle Cuba, entre Carpintero y 469 bis, se turnan para atender el establecimiento en diferentes horarios.

Los detalles del crimen

Marco y sus hermanos estaban en casa, detalla el diario El Clarín. Cuando llegaron sus padres, cinco antisociales esperaban cerca del portón. El automóvil lo conducía su mamá y fue ella quien estacionó dentro de la casa. Mientras, el padre era amenazado para que dejara entrar a los maleantes.

El chico vio lo que pasaba con su papá e inmediatamente avisó a sus hermanos mientras los delincuentes, entre los que estaba una mujer rubia, entraban al estacionamiento con intenciones de ingresar al living.

Pero Marco, como pudo, cerró la puerta que conecta ambas áreas, lo que hizo más difícil la acción de los ladrones. Antes de escapar, uno de los criminales disparó con una pistola calibre 9 milímetros. Uno de los balazos le dio en el pecho.

Un padre desesperado

El padre de Marco corrió al auxilio de su hijo y en minutos de desesperación sacaron el vehículo y para ir al hospital más cercano. Estudiaba en la Escuela de Educación Secundaria N° 5 de Quilmes.

«Era un pibe muy laburador. Trabajaba de lunes a lunes. A las 7 se levantaba para comprar el pan, salía a las 8 y volvía a las 21», dijo uno de sus hermanos a Clarín. Ayudaba a su padre en trabajos de albañilería y hacía horario en el locutorio de la familia.

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La impotencia ante la muerte trágica del estudiante causó indignación en Ezpeleta. Este fin de semana se realizó una marcha en la avenida Varela y Mar del Plata. Los vecinos exigen justicia, detallan medios locales.

“Ayer decidieron matar a un chico de 18 años. Su vida valió una camioneta. Este nene, Marcos, tenía toda una vida por delante. Era hijo de una familia de laburantes y todas las mañanas siempre salía a trabajar con su mamá.

Vivíamos a una cuadra de diferencia y ya no nos vamos a poder saludar. Arruinaron a toda una familia”, declaró una vecina.